sábado, marzo 15, 2008

Que levante la mano quien se sienta moralmente superior a los talibanes

Extracto de una entrevista. Este hombre tiene las cosas claras.


Entrevista: MARTIN AMIS
"Ideologías y religiones engendran violencia"

El País, Jesús Ruiz Mantilla 03/02/2008

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Hace poco, en una intervención que tuve en un museo, pregunté al público: Que levante la mano quien se sienta moralmente superior a los talibanes. Y más o menos un tercio de los presentes lo hizo. Si no te sientes moralmente superior a los talibanes, que arrojan ácido a la cara de las mujeres, que masacran a niños y perros por la calle, que encierran a sus esposas en sus casas; si no te sientes superior a eso, no te sientes superior por nada. Quien no alzó la mano también se sentía, en lo más profundo; pero esas cosas son las que no nos permite hacer la ortodoxia de esa piedad multicultural, esa pose. Ése es el ethos propio de The Guardian un periódico en el que colaboro y que es estupendo, con firmas muy buenas, pero en el que se cree que nadie con piel oscura puede hacer nada malo. Y si lo hacen es por nuestra culpa. Es la fuerza que va adquiriendo la corrección política, el relativismo en ciertas cosas. Creo que cualquier ideología lleva algo de violencia dentro, la engendran. O las religiones. ¿Qué son? Nada más que un sistema de creencias que se muestra posibilitado a responder cualquier cosa. Y no existe nada que tenga todas las respuestas, así que los que proponen eso lo convierten en delirio, irracionalidad. No puedes defender cada religión o cada ideología doctrinaria con sentido común, ni con racionalidad. Así que, en algún momento, necesitas los puños para hacerlo. Por eso se vuelven violentos; en cuanto consideras algo sagrado, te topas con violencia para defenderlo.

En The Guardian siguen apostando por esa inocencia racional sobre el islamismo. Mi primera reacción sobre el 11-S fue preguntarme por qué, por qué lo hicieron. Y llegué a la conclusión de que había una rabia nihilista en esa acción, esencialmente violenta, que no tiene nada que ver con la razón, con causas históricas, ni con el mal que se le ha hecho a nadie. Pues ellos siguen pensando seis años después que sí, que hay explicaciones de ese tipo.

Para usted, entonces, ¿se van implantando nuevas coartadas con eso que los neocon han dado en llamar buenismo? ¿Corren malos tiempos para buscar matices?

Sí, pero es que yo tampoco creo que haya que ir por ahí a medias tintas. Existe la superioridad moral, que viene de la búsqueda, del progreso.

Convendría que lo explicara, porque en eso sí que hay matiz y puede ser muy confuso lo que dice. Es la palabra moral la que empaña su perspectiva, ¿no cree? Son superioridades que nadie puede medir. Si me lo preguntan con respecto al fundamentalismo islámico, yo les respondo que sí, que de largo, a años luz. Si lo miramos desde el punto del feminismo, nos parecen primitivos. El desarrollo de nuestra moral occidental es algo que se encuentra en constante cambio.

También debemos sentirnos moralmente superiores a quienes torturan en Abu Ghraib, sin ir más lejos. De los talibanes, de acuerdo; pero de quienes abusan en nuestro sistema, también. Por supuesto. La condena ha sido total, debe serlo. Abu Ghraib es un ejemplo de mala planificación en la guerra de Irak. Es un lugar en el que no había ni traductores preparados para interrogar a los detenidos.

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Volviendo a la superioridad moral. ¿No se han pasado de la raya nuestros líderes comportándose así en cierta forma? Lo suyo no ha sido superioridad moral, sino arrogancia moral.

Diferente. Eso es un pecado en política. Sí, claro. De ahí viene que muchos crean que la democracia es el sistema natural para todo el mundo. Todos lo esperamos así, es cuestión de tiempo, pero todavía no lo es para muchos sitios. Hay que prepararles para ello.

De hecho, en cuestión de tiempo, de medida de civilización, el islam está en la época en la que Occidente andaba por la Edad Media. Cierto, pero con armas de destrucción masiva. Lo más preocupante en estos tiempos es el fácil acceso y la capacidad que muchos Estados pueden tener para la violencia, para conseguir armas poderosas. Los Estados siempre han tenido ese monopolio, pero ahora causa mucha inquietud.

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Pero parece que esa necesidad de seguir hurgando en ciertas cosas le viene de su talento natural para la polémica. ¿Le gusta batirse? Bueno, mi próximo libro será polémico. Estoy escribiendo sobre el 11 de septiembre de 2001 un libro que se titulará The second plane. No es que tenga ansia de polémica, pero sale. No podría dedicarme a la política, eso seguro. Cuando hice de cerca un reportaje a Tony Blair, me di cuenta. Entrar en una habitación y darle la mano a todo el mundo, ¡qué agonía! Pero la polémica también agota.

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Luego dice que no le gusta la polémica. Y ahora, entonces, se mete en el 11 de septiembre. ¿De qué manera? Es un ensayo. La tesis es que nunca llegaremos a entender por qué ocurrió. Es ininteligible. Vamos captándolo poco a poco, por partes; desde luego no lo entienden quienes ven en ello un acto de intención política. Para mí no fue más que una acción sumida en la locura del culto a la muerte. No es agradable darse cuenta de que en nuestros días existe una cultura de la muerte, de quienes buscan reducir a nada el valor de la vida humana por motivos apocalípticos, no políticos ni estratégicos. Debemos vivir con eso.

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Otro de sus temas recurrentes es Estados Unidos y América en general. Va y viene. Su vida es un viaje de ida y vuelta constante hacia allá.

Cierto, he vivido dos años y medio en América Latina también. Pero son dos mundos diferentes, el norte y el sur. Es producto, en gran parte, de sus procesos de colonización. En el norte, nosotros los ingleses primero violábamos a los nativos y después les matábamos; ustedes, los españoles, les violaban y después se casaban con ellos. Era mejor.

Sobre Estados Unidos, usted describe una gran feria ecléctica en The moronic inferno. Todo ha cambiado muchísimo desde el 11-S. Estados Unidos se ha convertido en una especie de enorme máquina de puro poder. Y tratar con eso es muy complejo; las cosas se salen de madre, es difícil mantener el equilibrio. Al poder, ¿quién se le resiste? Aunque lo tenga un ex alcohólico tejano que hasta que no cumplió 45 años no sabía quién era, como él mismo ha admitido. Que el poder corrompe no es una metáfora, es algo muy real. Todos lo sabemos cuando nos ascienden. Así que nos estamos readaptando a ese monstruo.

¿Monstruo? Sí, pero con matices. Todavía confío en la fuerza de muchos de sus valores, porque ¿a usted le gustaría que en vez de Estados Unidos se colocase Arabia Saudí en esa posición?, ¿o Rusia?, ¿o China? Preferiría cualquier país europeo. Gran Bretaña, Polonia, ¿España?... Bueno. Francia, no. Italia del norte, bien; Nápoles, definitivamente no. Aunque, ¿no es maravilloso Nápoles? Pura anarquía, pura vida, pero no podríamos fiarnos de Nápoles como gran poder mundial? Bromas aparte.

¿Y el recelo hacia Estados Unidos no va más hacia gobernantes concretos? ¿La cosa no sería diferente si gobernara Gore o cuando Clinton era presidente? Claro, ha sido un desastre. Es de una arrogancia terrible gobernar así, el unilateralismo entendido así. Sólo hay que pensar la cercanía, la solidaridad que inspiró el 11 de septiembre de 2001, cómo lo han derrochado, cómo se ha evaporado. Han generado impotencia en muchos países. No han manejado en absoluto la diplomacia y han perdido legitimidad y fiabilidad.

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