jueves, septiembre 28, 2006

Corrupción en Miami

Ayer vi Corrupción en Miami. Desde luego no tenía intención de ver esta película, pero si te pagan la entrada y te llevan y te traen a casa en coche, ¿cómo se puede decir que no a ir al cine?

Como habréis podido deducir, no esperaba nada. La serie la recuerdo como un desfile de tíos horteras en una ciudad eternamente soleada; de los personajes y las tramas, poquito. Y la película no es así.

Hay algunos que dicen en sus críticas q es como un episodio de la serie, q aunq no sean tan horteras los personajes, sí son parecidos en cuanto a la dureza de la vida de un poli encubierto, con todas sus decepciones y peligros. Otros dicen q la peli no se parece en nada a la serie, solo ha conservado los nombres de los personajes.

Yo os cuento lo que vi. Una película dura que intenta ser lo más realista posible, con la cámara como si fuera un documental de esos q unos reporteros siguen una noche en la vida de una patrulla; sin iluminación artificial, capturando sólo las luces de la calle por la noche y la luz diurna de días bastantes plomizos (nada de sol en esta Miami) -personas más sabias q yo dicen q la han rodado con cámaras HD, con grano… signifique lo q signifique eso-, nada de movimientos de cámara innecesarios (no me sé explicar bien, pero da la sensación de q todo está medido y remedido, q ningún plano sobra o está de más); todo transmite violencia, ya sea contenida o desatada: las posturas de los actores, la música, sus gestos, los ruidos de las balas (no son los típicos, parecen de verdad); las escenas de los tiroteos son espectaculares y dan miedo, todo ruido de balas (insisto, el sonido es impresionante), mucha sangre, poco diálogo inútil, allí se mata en un santiamén, sin avisar (o si te avisan es para despistar), hay coches rápidos y lanchas de esas horteras, pero no cansan (demasiado), luchas profesionales (los polis aquí parecen marines)…

Las conversaciones entre los polis y los narcos son un despliegue de "dime algo q no me gusta y te mato", y sientes la tensión de los personajes en todo momento, aunq no busquéis buenas interpretaciones, a mí me dio la impresión de q todos los actores estaban pensando; "qué marrón me ha caído, a ver cómo salgo de esta". Además no hay nada de desarrollo personal de los personajes, hay dos historias de amor pero como si no las hubiera; los malos son malos y los buenos son grises.

La historia es simple a más no poder, no hay giros inesperados de guión o sorpresas q suelen ser habituales hoy en día, lo cual, todo hay q decirlo y para mi más completa sorpresa, me ha gustado. Sabes desde el principio lo q va a pasar, en un puro cliché repetido a más no poder, y creo q eso está hecho aposta para que aprecies más la forma de rodar la película del director –Michael Mann, q al parecer suele rodar en este estilo, realista y oscuro-. La historia no es importante, sólo la violencia.

Lo q más me impactó fue las dos escenas de tiroteos. En la primera, a poco de empezar la peli, saltas del asiento por la descarga de las balas, q destrozan todo a su paso, sea metal de coche o carne humana. Es corta y muy intensa. La segunda escena, al final, es más larga y con varias minihistorias: la del herido q se hace un torniquete y sigue disparando, la del poli desde detrás q se va cargando a los malos, la de uno de los protas q se venga del malo y la del otro prota q es descubierto como poli por su "chica" y a la vez q pelea con ella la protege de las balas y mata a un malo. Y el caso es q te enteras de todas las minihistorias, lo cual es sorprendente. Y el sonido es acojonante, las balas suenan a tu lado y parecen completamente reales, y la luz es la luz de las farolas, nada de focos de cine. Al parecer estas escenas tan violentas y ruidosas también son "marca de la casa" de Mann.

La peli es larga como un día sin pan, eso sí, y aburre, eso también. Pero oye, la verdad es q si no esperas nada, algo sacas, aunque sea solo espectáculo y fotos bonitas.


... Y ahora q he releído mi crítica me he dado cuenta de lo poco q sé de cinematografía. Tania seguro q hubiera explicado mejor todos los aspectos técnicos. En fin...

lunes, septiembre 25, 2006

Política

Denostada, criticada, abucheada y despreciada. Así es generalmente la consideración común de la política. Y esa era la mía hasta que conocí a un compañero del curro, comunista de facto y por herencia, político de vocación, que cree q la política puede cambiar el mundo.
Poco a poco me empecé a interesar por la política, no hasta el punto de saber el nombre de los ministros, claro, no me pidáis tanto, pero sí para no pasar de todo, q es lo q hacía antes.
Y el vivir el segundo mandato de Aznar, q me pareció uno de los periodos más fascistas de España desde Franco, y vivir el 11M y sus coletazos políticos, q duran hasta hoy, me han hecho apreciar la tranquilidad y sosiego, no los gritos y radicalismos.

Y para seguir mi tendencia actual de copiar lo q dicen otros, os copio un artículo de opinión de El País, que me ha hecho pensar, lo cual es bueno.


TRIBUNA: NICOLÁS SARTORIUS
¿Qué le pasa a la derecha?

EL PAÍS - Opinión - 25-09-2006


I. El radical discurso en el que se ha introducido la derecha española es digno de ser examinado. No se trata tanto de las posiciones del PP en su enfrentamiento sistemático con la labor del Gobierno, lo que podrá resultar exagerado pero acorde con el normal funcionamiento de la democracia. Al poder hay que controlarlo, hay que encararlo con alternativas preferibles y hay que apoyarlo cuando los intereses básicos de la nación lo demandan. Lo inquietante es que el PP no siempre se está moviendo dentro de estos parámetros razonables sino que, en ocasiones, cruza las líneas rojas de lo que resulta inaceptable en la labor de control, pues quiebra la dialéctica Gobierno-oposición para saltar a una negación de la legitimidad del contrario que, en pura lógica, sólo conduciría a la eliminación del oponente. Cuando el sector dominante de la derecha insiste en que el Ejecutivo oculta la verdad sobre el 11-M, no está denunciando una falta de diligencia investigadora sino llevando al ánimo de la ciudadanía que la razón de ese encubrimiento obedece a que las elecciones del 14-M se ganaron con malas artes, despojando de validez moral el resultado que llevó al PSOE al Gobierno.

En un tema tan delicado como el proceso del fin de ETA significa romper la baraja cuando se afirma que el presidente se ha rendido a la banda y que coinciden ambos en sus políticas. Cuando en un asunto que afecta a nuestra convivencia, como es el de la reforma de los Estatutos, se lanza una campaña sistemática bajo el eslogan "España se rompe", no se está criticando unas u otras mudanzas estatutarias sino planteando un resultado que, de ser cierto, conduciría al choque civil. En estos ejemplos se resumen no sólo las supuestas ilegalidades del Gobierno sino la descalificación completa de unas instituciones democráticas que estarían permitiendo tamaños desafueros.

II. Ahora bien, para comprender el porqué de estos extremismos quizá sea útil explorar lo que ha ocurrido con la derecha desde la transición para acá. No ofrece muchas dudas el hecho de que la derecha española, salvo minoritarias excepciones, apoyó la dictadura del general Franco, como antes sostuvo la de Primo de Rivera y, entre medias, combatió a la II República. En España, a diferencia de otros países europeos, no ha habido una sólida derecha democrática, inmune a las dictaduras, hasta el proceso de la transición y con limitaciones. En la UCD, de Adolfo Suárez, cupieron varias corrientes: liberales, socialdemócratas, cristianodemócratas, "azules" reconvertidos, es decir, un partido coalición que representaba a un centro-derecha de amplio espectro y brillante futuro si la derecha española hubiese tenido otra tradición ideológica y otra base social. No conviene olvidar que una parte sustantiva de la derecha no se integró en la UCD sino que, siguiendo a Fraga y a los "siete magníficos" ministros de Franco, se agrupó en torno a Alianza Popular. Una alianza que si bien obtuvo un magro resultado en las elecciones de 1977 representaba mejor a esa derecha que los centristas de la UCD, como se vio poco después, al precio de perder votos. Lo cierto es que la implosión de la UCD (cuya historia está por contar), con empujones desde fuera, no dio como resultado otro partido de centro -el intento de Suárez con el CDS fue flor de un día-, sino la AP de Fraga, transmutado, durante los primeros Gobiernos de González, en el mimado líder de la oposición. Y la UCD de Suárez saltó por los aires, entre otras cosas, porque ¿qué era eso de no entrar en la OTAN, hacer una reforma fiscal, reconocer el divorcio y pactar con la izquierda una Constitución avanzada, la reforma del Estado y poner orden en la economía? Era demasiado. En el fondo, Suárez y otros no eran los políticos orgánicos de la derecha española, y ésta, una vez que se le pasó el susto sobre lo que podía ocurrir con la democracia y superó algunos complejos, decidió organizarse en un partido que reflejase, de verdad, sus intereses y valores. Fraga había tenido el mérito de agrupar a la derecha en el juego democrático, incluyendo la "extrema", evitando así que surgiese, de momento, un partido ultra similar a los que existen en Francia, Bélgica, Austria, etcétera. En esta operación había que pagar un peaje que sus valedores no estaban dispuestos a pagar toda la vida, esto es, no ganar nunca las elecciones. Fraga Iribarne tenía un techo, y para llegar al poder había que cambiar de marca, de líder y de planteamiento. Así surge el Partido Popular, que no es el heredero del que un día fundaran Areilza y Pío Cabanillas con ese nombre, sino de Alianza Popular. Después de algunos ensayos más o menos pintorescos, su nuevo líder, Aznar, designado por el propio Fraga, tampoco procedía de la tradición de la UCD, pues ni tan siquiera había apoyado, en su momento, la Constitución. Llegaría al poder en 1996 más por demérito del contrario que por mérito propio y cuyo "viaje al centro" fue más obra de la necesidad que de la virtud. Con escasa mayoría relativa tuvo que adosarse, para gobernar, con los luego tan denostados nacionalismos de CiU y el PNV, lo que templó sus ardores y dio la impresión de que su famoso viaje al centro había llegado a su destino. Fue la época en que Aznar hablaba catalán en privado, les transfería el 33% del IRPF y calificaba a ETA como movimiento de liberación. Hasta que conquistó, ante la crisis de la izquierda, la mayoría absoluta. Una derecha eufórica, sin complejos y sin ataduras, comienza a hacer de las suyas. El atlantismo desplaza al europeísmo; la religión prima sobre lo no confesional; el neoliberalismo cercena el Estado de bienestar; se ocupa sin tapujos el poder judicial, se manipula TVE sin rubor y se empieza a revisar, impulsada desde el poder, la reciente historia de España.

III. Mientras tanto, conviene no olvidarlo, las bases ideológicas, sociales y mediáticas de la derecha no viajaban precisamente hacia el centro. En la Iglesia jerárquica ya no estaban Pablo VI, Tarancón o Patino sino Juan Pablo II, Rouco Valera, Cañizares y Martínez Camino. Habían proliferado, junto al Opus, toda una serie de movimientos, más o menos teleocons como los Legionarios de Cristo, los Catecumenales, Comunión y Liberación, etcétera, de notable influencia. El fenómeno Cope no es una casualidad. Refleja la evolución de una parte de la Iglesia española. En el mundo editorial, libros seudohistóricos -que recuerdan aquellos de Carlavilla- de los Pío Moa, César Vidal, etcétera, de indudable éxito de ventas, denota la existencia de un amplio público que añora que le cuenten que el golpe militar del 36 estuvo justificado, que la culpa de todo la tuvieron las izquierdas y que Franco enriqueció a España y la salvó del comunismo. La resistencia de alcaldes y diputados del PP a que se limpien nuestras calles y plazas de símbolos franquistas refleja el mismo fenómeno. La actual batalla de El Mundo y la Cope por neutralizar el espacio de influencia del diario Abc, en su intento por convertirse en referente de una derecha civilizada, no es sólo una pugna mercantil, que también lo es; se trata de un ataque despiadado por hacerse con el poder ideológico en el seno de la derecha. Tampoco la evolución de una parte quizá minoritaria pero significativa del capitalismo español ha favorecido la consolidación de un centro-derecha moderno. Demasiado pelotazo urbanístico, dinero negro, economía sumergida y, por el contrario, debilidad en la economía productiva basada en la ciencia y la tecnología. No se puede decir que sea lo mismo, como líderes de la patronal, Ferrer Salat que Cuevas, y no es intrascendente que cuando el joven dirigente de los empresarios catalanes Rosell ha pretendido renovar la CEOE le hayan frenado en seco.

IV. En el espacio exterior, los vientos han soplado a estribor. Los neocons de Bush -y ahora de Shinzo Abe en Japón- ocuparon el campo y parecía que se iban a comer el mundo. El enganche de Aznar en las Azores, sustituyendo a Stalin en la foto, no era un delirio sino resultado de una estrategia coherente con el resto de sus políticas. La guerra de Irak y la administración del 11-M les condujeron a la derrota electoral, pero las semillas de ese giro hacia la derecha ya estaban sembradas. El PP pierde las elecciones pero la pedagogía de la última legislatura de Aznar, y sus adoctrinadores, ha permanecido. Es absurdo pensar que si en países como Francia, Bélgica, Austria, etcétera, existe una abundante extrema derecha, España iba a quedar exonerada de esta plaga. La diferencia con esos países es que ese sector ultra está incrustado en el PP y convive en él con un centro-derecha democrático que, hoy por hoy, tiene dificultades para imponerse, aunque en mi opinión es mayoritario. Una de las razones de esta dificultad radica en que los temas que monopolizan la agenda política son proclives a demagogias y manipulaciones: el terrorismo, la emigración, la unidad de España, la religión. No hay nada que abone más la tendencia al enroque ultra que el miedo, y ése es, en el fondo, el discurso del ala más ruidosa de la derecha española, y no sólo hispana. En fin, que nuestra derecha, no sólo política, está envejeciendo mal, y para que refresque el discurso y mude de actores tendremos que esperar a que pierda elecciones aquí y también allende los mares.

Nicolás Sartorius es vicepresidente de la Fundación Alternativas.

lunes, septiembre 18, 2006

Guerra Civil

Me ha dado fuerte por copiar artículos de prensa, debe ser deformación profesional ;-)

Este va dirigido a Tania y Mae, por lo q hablamos el otro día en casa.


La evitable Guerra Civil española de 1936
ENRIQUE MORADIELLOS
EL PAÍS - Opinión - 18-09-2006


Para la dictadura militar que venció en el conflicto fratricida librado en España entre el 17 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939 la cuestión no admitía duda: "La Guerra Civil fue inevitable", porque quienes se negaron "a entregar a España como una presa al satanismo de Rusia" tuvieron que luchar contra quienes estaban "decididos a instaurar la dictadura soviética". Paradójicamente, para muchos de sus enemigos en aquella contienda, ésta también había sido una guerra "inevitable" por análogas razones: la resistencia ante "la sublevación de las castas reaccionarias, dirigidas por los generales traidores", que pretendía frenar la modernización democrática emprendida por la República desde 1931. Con posterioridad a su conclusión, muchos analistas suscribieron ese juicio sobre "la inevitabilidad de la Guerra Civil" por razones de tipo "estructural", "coyuntural" o meramente "antropológico": el problema del latifundismo agrario y la miseria de las masas jornaleras; la tensión entre autoridades civiles y tentaciones pretorianas militares; el pulso entre la inercia centralista y los desafíos autonomistas; la escisión religioso-cultural entre clericales y anticlericales; el impacto de la Gran Depresión de 1929; el intrínseco carácter nacional violento de los españoles, etcétera.

Una de las principales virtudes de la reciente historiografía sobre el conflicto español ha sido la puesta en cuestión de esa vieja tesis sobre la naturaleza "inevitable" de la guerra. Ante todo, porque los historiadores, por oficio acostumbrados al análisis retrospectivo del cambio histórico (con sus componentes azarosos y fortuitos), son más propicios a considerar los fenómenos históricos como contingentes, configurados en el transcurso del tiempo por concatenación, hic et nunc, de causas y circunstancias diversas. Y, por tanto, asumen que el despliegue del curso histórico no recorre un camino de sentido único y determinado sino que fluye entre senderos disponibles y más o menos transitables en distintas direcciones. En otras palabras: la Guerra Civil no fue el producto exigido por ninguna prescripción inmanente del pasado ni tampoco fue la derivación de ninguna finalidad teleológica. El supuesto "peso de las estructuras" deja sin resolver la incógnita de por qué la contienda estalló en julio de 1936 y no antes. La apelación a la "coyuntura" socio-económica depresiva orilla la incomodidad de que median siete años entre su inicio y el conflicto. Y el recurso a la innata violencia nacional nos deja huérfanos ante una evidencia incontestable: el tránsito pacífico de la Monarquía a la República en abril de 1931.


Sin embargo, la afirmación historiográfica de que la Guerra Civil no fue "inevitable" (pudo no haber sucedido), no excusa, sino que demanda, la explicación de por qué se convirtió en realidad sangrante e irreversible. Y a este respecto, con las debidas cautelas, la mayoría de los historiadores se inclinan a suscribir la idea de que fue el resultado del fracaso de la política como arte de resolución de los conflictos inherentes a toda sociedad sin el recurso abierto a las armas y a la violencia generalizada. La guerra fue, por consiguiente, la resultante de acciones y de omisiones por parte de agentes políticos y sociales de carne y hueso, que fracasaron en su tarea de resolver de modo pacífico unas tensiones graves y crecientes en la coyuntura histórica de 1936.

Por supuesto, la remisión a las conductas políticas como metafóricas "chispas" (causas detonadoras) que encienden la "mecha" (causas estructurales y coyunturales) de la guerra significa atribuir una responsabilidad prioritaria en su desencadenamiento a los líderes y mandatarios más representativos y decisorios de la época, capaces de impartir órdenes o de dictar consignas susceptibles de ser secundadas por muchos otros hombres bajo su mando o influencia. Y esa atribución y gradación de responsabilidades no deja de ser un ejercicio subjetivo sometido a las preferencias político-ideológicas de cada analista. Sin embargo, asumiendo ese irreductible componente interpretativo, la historiografía ha llegado a un acuerdo mínimo. A saber: para que la Guerra Civil dejara de ser mera contingencia y deviniera flagrante realidad fueron inexcusables dos fenómenos que constituyeron verdaderas condiciones de posibilidad del conflicto.

El primer fenómeno responde a un proceso crucial: la extensión durante la Segunda República de lo que se ha dado en llamar "la ideología de la violencia" (cuya génesis es anterior). El quinquenio republicano fue escenario de la creciente expansión de dicha ideología al compás de la dura pugna triangular entre los tres modelos socio-políticos entonces imperantes en toda Europa: el reformismo democrático; la reacción autoritaria; y la revolución social. La idea de que era moralmente legítimo el uso de la violencia más brutal para imponer el triunfo de un determinado orden no quedó reducido a los extremos del espectro político donde siempre había anidado: el carlismo y el falangismo, entre los reaccionarios; el comunismo y el anarquismo, entre los revolucionarios. En su caso, la violencia armada habría de ser la partera necesaria tanto del mundo pretérito que soñaba restaurar la reacción como del mundo futuro que anhelaba construir la revolución.

Para infortunio de los contemporáneos, entre 1931 y 1936 esa ideología llegó a impregnar a otros sectores más numerosos de la política y la sociedad, hasta entonces menos propensos a recurrir a las armas para dirimir un equilibrio de fuerzas inestable. En particular, llegó a afectar a dos movimientos inexcusables para la estabilidad del sistema democrático: el socialismo organizado (dividido entre facciones reformistas y revolucionarias) y el catolicismo político (escindido entre la mayoría integrista y la minoría demócrata-cristiana). Es significativo que los dos máximos dirigentes de ambos movimientos, ya a fines de 1933, hicieran declaraciones de mero compromiso accidental con la democracia: "El Partido Socialista va a la conquista del Poder, y va a la conquista, como digo, legalmente si puede ser. Nosotros deseamos que pueda ser con arreglo a la Constitución" (Largo Caballero); "La democracia no es para nosotros un fin, sino un medio para ir a la conquista de un Estado nuevo. Llegado el momento, el Parlamento o se somete o le hacemos desaparecer" (Gil Robles).

El segundo fenómeno concierne al contexto histórico que hizo posible en 1936 la operatividad de esa ideología. Porque para desencadenar y sostener una guerra civil no hubiera bastado el propósito beligerante de unos pocos, más o menos numerosos, capaces de promover algaradas, huelgas o incluso insurrecciones contra unas autoridades decididas y en condiciones de utilizar disciplinadamente los amplios recursos coactivos del Estado. Así lo demostró el fiasco del golpe militar reaccionario encabezado por el general Sanjurjo en agosto de 1932 y el fracaso de la huelga e insurrección socialista y catalanista de octubre de 1934. Para precipitar ese tipo de conflicto era inexcusable que las divisiones en la sociedad se hubieran extendido a las Fuerzas Armadas hasta el punto de escindir su unidad y disciplina.
De hecho, fue la división en las filas del Ejército, en su calidad de corporación burocrática jerarquizada con el monopolio legítimo del uso de las armas, lo que hizo posible la contingencia de la Guerra Civil. Si el Ejército hubiera actuado unido a la hora de protagonizar un golpe militar, nada se hubiera interpuesto en su camino: ni la legalidad constitucional de las autoridades civiles, ni la movilización de milicias improvisadas y mal armadas. También lo contrario es cierto: si el Ejército hubiera permanecido leal en su integridad a las autoridades civiles constituidas, no hubiera triunfado ningún golpe militar.

Pero no sucedió ni una cosa ni otra: hubo un golpe militar faccional. El hecho de que la insurrección fuera muy amplia, pero no unánimemente secundada, permitió que otra facción de las fuerzas armadas se opusiera a la misma y consiguiera aplastarla en casi la mitad de España. El resultado de ese fracaso parcial y éxito limitado de la sublevación faccional fue la Guerra Civil. Lo recordaba hace ya tiempo el general Salas Larrazábal, un ilustre historiador que también fue combatiente franquista: "En general, los conspiradores pecaron de superficialidad y optimismo; subestimaron al adversario y supervaloraron su propia influencia en las filas militares". Y lo revalidaba el hijo del general Cabanellas, el más veterano de los líderes sublevados: la lucha "fue el resultado de la división interna del país; pero, al mismo tiempo, de la del Ejército. Desunido, quebrantado en su disciplina, tiene en él origen la guerra de España".

Enrique Moradiellos es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura.

viernes, septiembre 15, 2006

Puto disney

Me estoy aficionando a copiaros reportajes de periódicos, pero si lo q dicen lo suscribo y encima lo escriben bien, ¿por qué no?
Aquí tenéis un reportaje sobre Disney, esa compañía que tiene engañados a muchos desde hace mucho tiempo.

El sádico de nuestra infancia
El Grand Palais de París abre una exposición sobre las fuentes que inspiraron a Disney
OCTAVI MARTÍ - París
EL PAÍS - 15-09-2006


París acoge acoge desde mañana la exposición titulada Érase una vez Walt Disney. La presentación en un lugar tan prestigioso como el Grand Palais y el que intervenga en su concepción gente tan fiable como Guy Cogeval, director del Museo de Bellas Artes de Montreal, hacen que exista una gran curiosidad sobre un proyecto relativo a las fuentes de inspiración de Disney, de Kipling al portal de la catedral de Naumberg pasando por Viollet-le-Duc y Gaspard Friederich para acabar en Salvador Dalí. Sin duda la exposición será magnífica y los visitantes aprenderemos mucho sobre el más famoso de los autores de dibujos animados pero dudo que eso baste para que le perdonemos a Disney las muchas maldades de las que podemos hacerle responsable.

Sin necesidad de que Robert Venturi teorizase la ciudad posmoderna, el engendro empezó a existir cuando se levantó el primer Disneyland, oficialmente concebido como un espacio en el que podían "vivir juntos mayores y pequeños, en el que existiera un punto de contacto entre el mundo de los adultos y el extraordinario laboratorio de humanidad naciente que es la imaginación infantil". Ese propósito disneyano se materializa anticipando una característica de nuestra civilización actual: la infantilización. El punto de encuentro entre mayores y pequeños se logra gracias a que los primeros se embarcan en una regresión voluntaria, la misma o parecida que hoy lleva a los sesentones a desfilar en rollers y camisetas fluorescentes por las calles de todas las capitales. Disneyland es un sueño hecho realidad pero que sólo conserva su condición de sueño si los adultos logramos hacer abstracción de todo o casi todo lo que nos rodea: del precio de la entrada, del viaje, del hotel, de los mil y un productos derivados, del tiempo perdido haciendo cola para gozar unos pocos minutos de la siguiente atracción, casi siempre concebida para provocar un brusco y violento desplazamiento de nuestro aparato digestivo tras una sacudida que nada tiene que envidiar a las que se autoinflingen los practicantes de puenting. Y todo eso es sólo parte de la visible mentira. Quien ha tenido la oportunidad de visitar un parque Disney un día de lluvia, a bajo cero, y descubrir el rostro real de Mickey, Pluto y Donald cuando se retiran, agotados y empapados, hacia sus vestuarios en espera de la próxima cabalgata, descubre de pronto de dónde vienen los regalos que nos traen los Reyes Magos.

Pero no es sólo eso. Para quienes crecimos con la llegada regular de los dibujos de Disney, su Blancanieves y los siete enanitos (1937), su Pinocho (1940), su Dumbo (1941), su Bambi (1942), su Cenicienta (1950), su Alicia en el país de las maravillas (1951), su Peter Pan (1953), su La dama y el vagabundo (1955), su La Bella durmiente del bosque (1959) o sus 101 dálmatas (1961) son prodigiosas máquinas de torturar criaturas, de someterlas a un refinado ejercicio de sadismo. En todas esas historias el pequeño espectador es obligado a identificarse con un héroe o heroína que acostumbra a perder a su madre y a quedar bajo la tutela lejana de un padre ausente. La familia de reemplazo, cuando existe, es siniestra. Y el héroe tiene que superar distintas pruebas para ser aceptado, al fin, por el grupo, ya sea porque ha dejado de ser niño, como en Bambi, y puede afrontar la ley del bosque, ya sea porque hay en él algo extraordinario, como es en Dumbo su condición de elefante volador: las enormes orejas de las que todos se burlaban son ahora alas que admirar.

Que las historias de iniciación, de paso de la infancia a la adolescencia y de esa a la juventud comportan violencia no es ningún secreto. Disney explotó esa violencia de manera sistemática, almibarada y cruelmente. A Cenicienta no le evitó vejación alguna, de la misma manera que ningún árbol dejó de convertirse en monstruo cuando convino atemorizar a una platea que estaba convencida de salir de la sala siendo huérfana. Todo tipo de trucos y efectos eran válidos para meter miedo en el cuerpo de los futuros votantes, para hacerles aceptar como normales los capones de los escolapios o la palmeta de los otros. Hemos tardado en darnos cuenta de que lo que Luis Buñuel definía como "basura sentimental" iba a ser el marco mental y físico de nuestro futuro. Ahora lo reconocemos a la perfección en los discursos de Bush o en los de monseñor Rouco pero ya hubiera debido ponernos la mosca detrás de la oreja que la primera empresa electrónica que se instaló en Silicon Valley fuese la responsable de la sincronización de Fantasía.Disneyland es un sueño hecho realidad pero que sólo conserva su condición de sueño.

Abajo disney y su bambi.

jueves, septiembre 07, 2006

Identidad virtual hecha sólo de negaciones

Ayer leí un artículo de El País que me gustó mucho, así q os lo copio, qué demonios.

Me encanta lo q dice de la identidad europea; me recuerda una anécdota q no sé si me contaron o leí, q decía q cuando un europeo va a una fiesta en EE.UU. se da cuenta de q tiene más cosas en común y más asuntos de los que hablar con otros europeos (sean de donde sean, incluso de Gran Bretaña) que con los americanos. La verdad es q te sientes un poco alien en Nueva York, sí ;-)

ENTREVISTA: EDUARDO LOURENÇO Premio Extremadura
"¿Qué es Europa? Nada"

MIGUEL MORA - Lisboa
EL PAÍS - Cultura - 06-09-2006


Oír hablar a Eduardo Lourenço (Guarda, Portugal, 1923) es asistir siempre a una lección de inteligencia. Sus charlas de café, como las llama él, tienen la misma lucidez y profundidad que encierran sus libros o sus artículos: siempre optimista y juguetón en el tono, siempre demoledor con las contradicciones que forjan las identidades de los pueblos, las religiones, los imperios, la conciencia.

Ayer, en Lisboa, el ensayista y poeta decía: "Yo soy muy europeo, como todos nosotros. Todos lo somos más de lo que sabemos. Pero sólo cuando nos encontremos enfrente o en medio de una cultura que no es europea. Esa no identidad, esa identidad virtual hecha sólo de negaciones, es un privilegio extraordinario, una promesa de futuro. Significa que otros pueblos podrían compartir nuestra no identidad. Todos aquellos que no crean en la afirmación egoísta de uno mismo, que es el virus de la historia".

"La no identidad es fantástica", continúa el autor de El laberinto de la saudade. "Es un lugar de apertura. Por eso yo no envidio tanto a los pueblos que saben lo que son. Nosotros no sabemos lo que somos y ésa es la verdadera identidad del hombre, ya lo dijo Sócrates. La esencia del cristianismo no contraría eso: el ser supremo no es físico, ni tangible. Pero si Dios no es físico, ni tangible, sino un espacio de libertad infinita, ¡no puede servir de pretexto para ejercer la violencia contra los otros!".

Quizá eso es lo insólito del pensamiento de Lourenço. Cuando parece que se ha puesto a divagar, de repente vuelve de golpe a la tierra y está hablando de la actualidad más caliente. "Europa no puede dar una respuesta eficaz a los problemas inmediatos del mundo porque, aunque lo crea, no es la recreación del Imperio Romano. Europa siempre está revisitando Roma. Ése fue el paradigma que ninguna nación ha conseguido emular. Y la matriz de la Unión Europea. Pero las mejores películas de romanos se hacen todavía en Hollywood. Lo que demuestra que Europa no se cree la amenaza del islam. Fuimos la milicia de Cristo en la Contrarreforma, soñamos que éramos los Quijotes del mundo al ir a Oriente y a América, inventamos la nación. Ahora no somos más que un conjunto de naciones insatisfechas y contradictorias, herederas de un pasado salvaje y violento forjado en guerra civil permanente. ¿Qué es Europa? Nada".

¿Quizá el nido donde se hizo mayor Günter Grass? "Grass tiene razón doblemente. Por el coraje de confesar y por la contradicción de que en cierto momento fue la conciencia de la otra Alemania. Es fantástico que haya sido capaz de decirlo, esa forma de subirse a la cruz del arrepentimiento. ¿Quién quiere tirar la primera piedra? Ningún pueblo es capaz colectivamente de castigarse así. Se ha escrito mucho sobre el nazismo, pero nadie sabe bien lo que pasó. Es historia interna, subterránea. Si un pueblo entero de Europa no especialmente guerrero y que comenzaba a ser uno de los más ilustrados y cultivados de todos de repente se volvió loco, Europa debió tener algo que ver. Es pura historia interna. ¿O no contó en el ascenso de Hitler la violencia que había sufrido antes Alemania a manos de Europa? La historia de Grass es sólo un resumen de la monstruosidad y la locura de la historia europea".

Lourenço recogerá hoy en Badajoz el Premio Extremadura a la Creación, dotado con 42.000 euros y que la Junta concede anualmente a la mejor trayectoria literaria de un autor iberoamericano. Suma su nombre al de Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo o José Saramago. Con el autor de El fascismo nunca existió han sido galardonados el pintor chileno Alfredo Jaar y los extremeños Eugenio Fuentes (Literatura) y Javier Fernández de Molina (Artes Plásticas). Así que la ocasión la pintan calva para que Lourenço se explaye sobre las relaciones de España y Portugal. "El iberismo debería ser nuestro estado natural, es nuestra realidad histórica de muchos siglos. La Península siempre fue una confrontación de diversidades que se han llevado bastante bien muchas veces. Las dificultades de convivencia solían venir del exterior. Ahora vivimos un iberismo práctico, sin connotaciones centralistas o imperialistas. Nadie quiere unificarnos por la fuerza. Es admirable cómo España maneja dialogando las tentaciones de fugas separatistas, que por otro lado son irreales. Los portugueses, a nuestra manera suave, nos las arreglamos para imponer de forma natural nuestra autonomía, relativa como todas, a aquel viejo centralismo intolerable. Europa y el mundo tienen hoy tal ambición de uniformidad, que las tentativas de edificar castillos individuales ya no cuajan fácilmente".

Va de series, otra vez

Vuelvo a escribir después de un buen tiempo parada, que he tenido un veranito muy ocupado.
¿Y de qué os voy a hablar hoy? Pues de series.

Eureka. Érase una vez un pueblecito americano rarito lleno de científicos locos protegido y ocultado por el Departamento de Defensa de EE.UU. Llega un marshall por accidente y se convierte en su sheriff. Tiene humor, inventos fantásticos, intriga, algo de romance... Es una serie de esas q sabes q no es una maravilla, pero q te encanta verla, porq te lo pasas bien, es amable, te entretiene... Creo q mi amiga Mae a estas las llama las series de planchar (q es lo q hace cuando las ve :-) ).


Kyle XY. ¿Recordáis John Doe? Pues es igual, pero ahora con adolescentes. Tiene su gracia, pero después de unos cuantos episodios te hartas de tanta tontería juvenil americana.

The 4400, 3ª temporada. No me está gustando mucho, si queréis q os diga la verdad (lo siento evilteq). Me ralla la historia de Isabel, lo de la boda es el colmo, y ha desaparecido el hijo del prota, no sé por qué, porq me parece q es el q tiene todas las claves. La vuelta atrás con la hija de la otra prota tampoco me gustó, aunq el trato me tiene intrigada, pero eso sí, estoy súper enganchada... joer.


The closer, 2ª temporada. ¡He conocido a su madre! La protagonista sigue siendo tan divertida como siempre y me encanta Fritz, qué se le va a hacer. Me recuerda mucho al marido de Medium. ¡Esos tíos no existen en realidad!

Atención, series q van a echar en español: Prison Break, Bones, Supernatural, Babylon 5... El panorama va mejorando poco a poco, sí señor.