lunes, agosto 08, 2005

Ñoñerías

Siguiendo el consejo de Vok (hola Vok!), volví a ver una peli europea: Amelie. Yo me las prometía felices, es decir, todo el mundo me había hablado bien de ella, que qué bonita es, que qué bien hecha, que qué guión tan mágico…

Sólo pude llegar a la mitad, me dio un sueño tremendo del aburrimiento y ahora estoy cogiendo fuerzas para por lo menos terminarla, que una tiene su dignidad y quiere ver el final de las cosas que empieza. Pero es que… qué coñazo de película. Los personajes para mí son insoportables de lo imbéciles que son, tan blanditos pordios, y esos diálogos sacados de un “viaje” del guionista! Pero hijo, qué te tomaste! La protagonista, además de ñoña, tiene serios problemas psicológicos (quién no en esta peli), que se dedica a robar gnomos de jardines y perseguir a otros tan tarados como ella por todo París, porque no tiene vida ninguna y se debe aburrir un montón.

En fin.

En una escena, en uno de esos diálogos llenos de “chispa”, una vecina de Amelie le dice que está condenada a llorar toda su vida porque se llama Madeleine Wallace. Lo de Madeleine será por el dicho: llorar como una magdalena y lo de Wallace explica ella que es una fuente. Bueno, otra que tal baila. Pero el caso es que yo he estado en la iglesia de la Madeleine este verano, y la verdad es que la iglesia me inspiró bastante tristeza. No es una iglesia convencional, querían hacerla diferente y no se les ocurrió otra cosa que copiar la arquitectura griega clásica. Con un resultado cuestionable, porque es un “quiero y no puedo”, mientras que los antiguos son un “puedo aunque no quiera”. Es una iglesia fría, gris, impersonal y totalmente aburrida.

Y esto me lleva a recordar que hace poco por fin pude entrar en la iglesia de San Ginés, aquí en Madrid, al lado de la chocolatería San Ginés, qué casualidad y qué rico el chocolate. Me llevé una impresión de muerte: diosmío! Adoran a muñecas! Es un desfile de peinados, vestiditos y joyería! Si están maquilladas! Vivan las vírgenes y la madre que las parió (es decir, artistas con mal gusto)! Había una mujer que había llevado a su niña pequeña, que se lo estaba pasando pipa con tantas muñecas de tamaño natural. Sí señor, religión para infantes. Y tanto oro para que el párroco ande apagando luces como un descosido para ahorrar luz! Nos echó literalmente a todos: hala hala hala, que me voy a comer (esto no lo dijo, pero me lo invento).

En fin.

Iglesias hay un montón para todos los gustos, como películas. Seguiré buscando una que me guste. Digo película europea, no religión, que ya tuve bastante con las monjitas de mi colegio y su misa de cada miércoles. Creo que ellas también adoraban muñecas. Y a un tío muerto ensagrentado en una cruz. Qué religión más extraña.



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