lunes, agosto 22, 2005

Blog this

Hace unos días recibí por email el comentario publicado por no-sé-quién en mi blog... Estaba en inglés, no decía nada en particular, y te ponía un enlace a su blog... evidentemente es spam, así q estoy buscando la manera de borrarlo... Metiéndome entonces en las opciones del blog descubrí q han añadido otra: ahora puedes hacer q la gente q quiera escribir comentarios tenga q meter una palabra vista en un dibujo (como lo q hace yahoo groups) para evitar spam... Vaya qué oportunos. Ya he cambiado las opciones y tendréis q hacerlo para ver vuestros comentarios publicados....

Otra cosita nueva es ese botón de Flag arriba... Pues al parecer es para censurarnos mutuamente (por equivocación lo pulsé y me he censurado a mí misma... ¿querrá decirme algo mi subconsciente?). El caso es q pulsando el botoncito de marras quieres decir q has encontrado ofensiva la página, y los todopoderosos dueños de Blogger vigilan y hacen cuentas.. ¿que hay un montón de votos? pues hala, a cargarse el blog.

Pero digo yo... navegando sin sentido por el blogger (cosa q a veces hago para ver qué escribe la gente, se podría decir q es como un zapping... je, llamémosle "blogging" ) me he encontrado muchas páginas llenas de anuncios: q si mudanzas de EEUU, q si gente q imprime tarjetas de invitaciones... ¿Puedo pulsar entonces el botoncito de Flag? ¡¡Es q eso me ofende!!!

mmmmmmmmmm creo q no.... lástima.

También me ha ofendido uno q solo tiene fotos suyas hechas con el móvil... narcisistas hay muchos por la vida, pero aquí son mayoría.

martes, agosto 09, 2005

Pequeños mitos

Ayer me enganché a un documental sobre George Cukor. Repasaron todas sus películas y entrevistaron a casi todos los actores con los q trabajó: My Fair Lady (por la q se llevó un Oscar), esa soberbia Luz de gas (qué tensión por unas jodidas lucecitas), el histriónico Jack Lemmon (al q Cukor le decía: “actúa un poco menos”; al parecer al venir del teatro tuvo problemas de “adaptación” al cine), Historias de Filadelfia, con la Hepburn en plan orgullosa diosa griega (dios qué buena planta tiene la tía con ese vestido blanco), Lo que el viento se llevó (q descubrí q tuvo 3 directores aunq en los crédito solo aparezca uno, Cukor fue despedido por rebelde), fue el responsable de q Judy Garland se quitara la peluca y el maquillaje en El mago de Oz (“sé una granjera”, le dijo), La costilla de Adán o qué buenas luchas entre Spencer Tracy y la Hepburn, etc.

El caso es q allí estaba yo, toda entusiasmada y mi hermano va y me dice: “Pero si solo era un director de cine, no era tan importante”. Y no, claro, no descubrió la cura contra el cáncer, es verdad, pensé. Pero me encantó saber todas esas cosillas acerca de esa persona, de esas películas y esos actores, detalles reales de sus intenciones, gustos, las fiestas q daba en su casa los fines de semana, anécdotas como la plantita q tenía al lado de la mesilla del café donde gastaron tanto tiempo juntos él y la Hepburn, y q creció tanto q llegó un día q no se veían entre ellos, pero no quisieron cambiarla de lugar.

Pero q es uno de los personajes más importantes de la historia de EE.UU. es indudable. Q la historia de un país esté tan relacionada con la historia del cine sería una excusa para una buena tesina, sin duda, pero aquí vamos a centrarnos en otro tema. ¿Es tan importante en nuestra cultura el cine como para que consideremos en tan alta estima a sus directores y actores? ¿Ha influenciado tanto el arte, cualquier arte, en otra sociedad aparte de la nuestra? No lo sé. Otra excusa para una tesina, pienso.

Recuerdo otra historia. En la Atenas clásica, hubo un revuelo la primera vez q una mujer fue tomada como modelo para la estatua de una diosa (impensable q una mortal fuera tan hermosa como los dioses, q sin duda castigarían a toda la ciudad por su arrogancia). No facilitó las cosas su profesión, claro, amante del artista… y de muchos otros. El estudio del escultor fue destruido y la mujer fue llevada a juicio. Ella, en vez de negarlo todo, se presentó orgullosa ante los jueces (todos hombres de mediana o avanzada edad) y les dijo: “Yo lo merezco”, y se quitó el vestido y les hizo admirar su cuerpo desnudo. Y ganó, no fue castigada y el artista terminó la obra.

Quizá sí q el arte influye en la sociedad. Aunq solo sea un poquito. Al fin y al cabo, las películas son pequeños mitos, y estos existen desde tiempos inmemorables, las tribus escuchando historias legendarias frente a la hoguera, inspirados por esos personajes y esas hazañas q les hacían ver más allá de sus vidas cotidianas. Eso no creo q haya cambiado mucho.

¿Dónde está mi hijo?

No quiero destrozar la serie (la nueva Galactica) a quienes no la hayan visto, así que a grandes rasgos diré que E. James Olmos es el capitán de una nave militar que defiende a un montón de naves civiles a su alrededor mientras escapan de un genocidio seguro a manos de unas máquinas, ocurren un montón de cosas bastante desagradables (desde buscar agua y combustible hasta escapar de las máquinas, pasando por descubrir que tiene espías a bordo y luchas de poder con la presidenta civil), y después de un hecho sobre el q tengo q ser demasiado vaga para no estropearos la diversión, pero q os aseguro q es grave, diré q aparece destrozado física y moralmente a la puerta de su XO (su segundo al mando) y de repente le pregunta: “¿Dónde está mi hijo?”. Y esa pregunta me llegó al corazón.

Así de repente no me entenderéis, pero dentro el contexto de muchos, pero q muchos, episodios esa simple pregunta acaba de devolverme mi interés hacia la serie, interés que había perdido alrededor del final de la 1ª temporada. ¿Por qué? Porq los guionistas me acaban de demostrar otra vez q hay gente inteligente escribiendo, no solo historias, sino personajes, y eso, en el mundillo de las series de ciencia-ficción, es un milagro.

A este capitán le importa un comino el estado de la flota (bueno, exagero, q tiene además un carácter de mil diablos el tío) pero lo subordina todo en un momento a la búsqueda de su hijo, de su única familia, y es un momento tan humano, en una serie tan oscura, q te sorprende. Y el caso q no es la primera vez q lo hace, es un rasgo de su carácter q ha quedado bien definido antes, pero q el personaje sea consecuente y lo sea en ese preciso momento, aunq solo sea con una simple pregunta, me asombró. Y ahora quiero ver la serie no por la historia de la guerra, no por las locuras de Baltar, no por todas las subtramas q han metido, solo por la relación entre ese capitán y su hijo el piloto, q es tan testarudo y tan recto moralmente como él, y q al parecer están condenados a enfrentarse una y otra vez, teniendo los dos a la vez razón y no teniéndola, tan real como la vida misma.

Luego está Voyager. En el último episodio q he visto cortesía de mi hermano, q está enviciado, aparece nuestro bien conocido Q (ejem, conocido por todos los trekkies, quiero decir) con ¡un hijo! Y adolescente para más inri. El caso es q lo deja sin poderes en la nave para q la capitana le “eduque” en una semana. Toma ya. Y el caso es q, por supuesto en el universo Star Trek, lo consigue y sale un adolescente educado y responsable en 7 días (como la creación, q os parece). Patético. Moralista. “Hay q castigarlos”, “hay q hacerles caso”, “hay q estar con ellos”, catálogo de buenas virtudes americanas del “buen padre”. Todo en un ambiente desinfectado y limpio, como en todos los enterprise q se precien, y no me refiero solo a los suelos de la nave y a los vestiditos último modelo.

Qué diferencia entre las dos series.

[Evilteq, si es q la serie es mala… Ah, y el episodio doble q me recomendaste, mi hermano me explicó de qué iba, y he de decirte q ese episodio también lo tiene Stargate. Nada nuevo bajo el sol. Todos se repiten como persianas. ¿De veras piensas q me va a gustar? No sé, no sé… date cuenta de q no están ni daniel ni cameron… ;-) ]

The 4400, serie q también había sufrido un bajón desde mi punto de vista al principio de la 2ª temporada, ha recuperado el ritmo de una manera rápida y decisiva. ¿Y a que no sabéis el tema del último episodio? El padre protagonista defendiendo a su hijo, a costa de sus valores morales, leyes, trabajo, amigos, compañeros… (Es importante tener en cuenta q es ex agente del FBI y ahora trabaja para otra agencia gubernamental.) Hay una escena en q la profesora del hijo (por cierto, la nueva médico de Stargate, mujercita orgullosa de Michael Shanks y ex-nave Andrómeda) le dice al padre: “Su hijo le quiere, pero no confía en usted”. Y la cara del padre es para enmarcarla. Supongo q es un punto de esos q los guionistas llaman de no retorno para los personajes: cambian, y con ellos la historia cambia, mejorando. Los personajes se hacen humanos, fallan, se equivocan. Y los espectadores aplaudimos.

Y es q el tema de la familia se me repite últimamente. Para septiembre tengo q examinarme y uno de los temas es “la familia”. Y es un tema jodido, porq mira q no hay diversos tipos de familias en este mundo, muchas más de las q nos creemos. Si es q los occidentales nos miramos realmente al ombligo…

PD. En septiembre echan Galactica en Calle 13.



lunes, agosto 08, 2005

Ñoñerías

Siguiendo el consejo de Vok (hola Vok!), volví a ver una peli europea: Amelie. Yo me las prometía felices, es decir, todo el mundo me había hablado bien de ella, que qué bonita es, que qué bien hecha, que qué guión tan mágico…

Sólo pude llegar a la mitad, me dio un sueño tremendo del aburrimiento y ahora estoy cogiendo fuerzas para por lo menos terminarla, que una tiene su dignidad y quiere ver el final de las cosas que empieza. Pero es que… qué coñazo de película. Los personajes para mí son insoportables de lo imbéciles que son, tan blanditos pordios, y esos diálogos sacados de un “viaje” del guionista! Pero hijo, qué te tomaste! La protagonista, además de ñoña, tiene serios problemas psicológicos (quién no en esta peli), que se dedica a robar gnomos de jardines y perseguir a otros tan tarados como ella por todo París, porque no tiene vida ninguna y se debe aburrir un montón.

En fin.

En una escena, en uno de esos diálogos llenos de “chispa”, una vecina de Amelie le dice que está condenada a llorar toda su vida porque se llama Madeleine Wallace. Lo de Madeleine será por el dicho: llorar como una magdalena y lo de Wallace explica ella que es una fuente. Bueno, otra que tal baila. Pero el caso es que yo he estado en la iglesia de la Madeleine este verano, y la verdad es que la iglesia me inspiró bastante tristeza. No es una iglesia convencional, querían hacerla diferente y no se les ocurrió otra cosa que copiar la arquitectura griega clásica. Con un resultado cuestionable, porque es un “quiero y no puedo”, mientras que los antiguos son un “puedo aunque no quiera”. Es una iglesia fría, gris, impersonal y totalmente aburrida.

Y esto me lleva a recordar que hace poco por fin pude entrar en la iglesia de San Ginés, aquí en Madrid, al lado de la chocolatería San Ginés, qué casualidad y qué rico el chocolate. Me llevé una impresión de muerte: diosmío! Adoran a muñecas! Es un desfile de peinados, vestiditos y joyería! Si están maquilladas! Vivan las vírgenes y la madre que las parió (es decir, artistas con mal gusto)! Había una mujer que había llevado a su niña pequeña, que se lo estaba pasando pipa con tantas muñecas de tamaño natural. Sí señor, religión para infantes. Y tanto oro para que el párroco ande apagando luces como un descosido para ahorrar luz! Nos echó literalmente a todos: hala hala hala, que me voy a comer (esto no lo dijo, pero me lo invento).

En fin.

Iglesias hay un montón para todos los gustos, como películas. Seguiré buscando una que me guste. Digo película europea, no religión, que ya tuve bastante con las monjitas de mi colegio y su misa de cada miércoles. Creo que ellas también adoraban muñecas. Y a un tío muerto ensagrentado en una cruz. Qué religión más extraña.



Categorías impropias

Esta es la trama de una serie (atención: spoilers de las 5 temporadas!):
Una noche el grupo de B. se divierte por la noche. B. se liga a J., o quizá es al revés y viven una apasionada historia de amor a lo largo de todas las temporadas, superando el complejo de Peter Pan de B. y una paliza que le dan a J., infidelidades, complicaciones familiares y amistades traicionadas.
La amistad entre B. y M., forjada desde su infancia, se ve amenazada por sus cambios de formas de vivir, amores posesivos y tensión sexual no resuelta.
Pero M. y J. forman, asombrosamente, una colaboración profesional y hasta una amistad, lo que por supuesto causa fricciones entre B. y J.
A todo esto, hay una historia de amor entre E. y T., del grupo de B. y M., pero que termina por una adicción a drogas.
Intervienen, por supuesto, enfermedades mortales, otras no mortales pero sí embarazosas, casos policiales y sexo en aviones, bastante más peligroso de lo que parece.
Ah, hay dos bebés por medio, bodas, divorcios, juicios, muertes, viajes, carreras ciclistas, cirugía estética y mucho baile en discotecas (viva el clubbing).

¿Cómo definiríais esta serie? ¿Culebrón? Pues hace unos días me lo preguntaron y dije: “va de gays”. Sí señor, y me quedé tan pancha. Porque todas las iniciales que he mencionado son nombre de tíos, ¡sorpresa! (o no).

La serie en cuestión se llama Queer as folk (versión de EE.UU.). Básicamente es un culebrón, pero sus protagonistas son gays, y esa etiqueta define la serie, tanto si quiere como si no. Es una serie de gays. Hay series de policías, de médicos, de asesinatos en serie, de casos de desaparecidos, de naves espaciales (huyendo, descubriendo, luchando, volviendo a casa...), hay de avatares del Cielo y el Infierno, puertas estelares, guerras, mediums que discuten con fantasmas, matemáticos que ayudan a resolver crímenes, de 4400 personas desaparecidas a lo largo del siglo XX y que de repente vuelven todos a la vez, historias de barrios y sus amas de casa, sagas familiares, viñedos y petróleo, gente perdida en una isla (dos que recuerde ahora mismo), espías súper poderosos, etc.

¿Quedaría algo sin esas etiquetas que definiera la serie? A veces; algunas se recuerdan por sus personajes. La gente conecta con la gente, y no le importa si este personaje es del FBI o no, solo que es mono, habla con su secretaria Diane a través de mensajes grabados en una minigrabadora y que le encantan los árboles del estado de Washington. ¿Qué importa si resuelve o no quién mató a Laura Palmer?

Queer as folk tiene personajes sólidos, historias no tan sólidas (sobre todo después de la primera temporada) y un mensaje socializador y moralizante: los gays tienen las mismas vidas y los mismos derechos que los demás (aunque el sexo sea diferente, ya lo decían en Barrio Sésamo, delante, detrás... lo importante es la colocación, nos lo inculcan desde pequeños).

¿Por qué ponemos tantas etiquetas a las series? ¿Al arte en general? Supongo que no es difícil saber la razón, al fin y al cabo, todo el saber humano se fundamenta en categorizaciones, etiquetadas, comunicadas y razonadas mediante el lenguaje. Hasta ponemos nombre a lo desconocido, y si no que nos lo explique Mulder y sus ovnis, que no ya O.V.N.I.S.

Las personas también somos etiquetadas y nos etiquetamos con gusto: un ponme esto aquí, quítame esto allá. A veces cuantas más mejor, ¡a rellenar la cuartilla! Motes, pandillas, complejos, aspiraciones y fracasos que forman nuestra cara al exterior, en una suerte de espejo para deslumbrar al otro.

Esto me recuerda al momento cuando la protagonista de Labyrinth (1986) empieza a almacenar todos los objetos que alguna vez ha poseído, no puede desprenderse de ninguno y llega un momento que estos casi la asfixian por su peso (siempre pienso en esa escena cuando hago limpieza de mis cosas, qué influencia tendrán los clásicos adolescentes en nuestro inconsciente). Moraleja: un exceso de etiquetas mata. Segunda, e irónica, moraleja: no tires los papeles importantes, la Administración siempre te los va a reclamar y NO EXISTES sin papeles. Lo demás, ¡olvídalo!

¿Cuáles son nuestras etiquetas?
Nuestro nombre es la primera y más inconfundible: somos hijos de nuestros padres y llevamos su nombre, somos hermanos, tíos, primos, hijos y padres, y es el núcleo familiar el más “original” en el sentido de primigenio: las sociedades se fundamentaron en primera instancia alrededor de familias, clanes, tribus, y ese legado lo conservamos bien cerca. ¿Quién eres?

Nuestras ocupaciones: somos trabajadores, estudiantes, amas de casa, jubilados y parados, quizá hasta vagabundos, quizá hasta emigrantes. Desde médicos hasta albañiles, sueldo arriba o sueldo abajo, horario continuado o jornada partida, vidas que dependen de nosotros o nuestras vidas que dependen de otros. ¿Qué haces?

Nuestro cuerpo: mujer, hombre, transexual, bajo, alto, rubio, moreno, dientes blancos, orejas pequeñas, labios finos y tripa gruesa. Y por supuesto, nuestra raza; blancos, negros, amarillos, rosas, azules o púrpuras. ¿Cómo eres?

Nuestros gustos: sopa, verduras, carne, pescado o todo o nada, cómics, novelas, ensayos, viajar, dormir, tecno, pop, rock, playa, montaña, pollas o chochos o ambos, días nublados, días soleados, cine, teatro. ¿Qué te gusta?

En una especie de juego podemos combinar de formas múltiples todas las categorías, como hacíamos en nuestra infancia con las muñecas recortables (ahora lo hacen con Mr. Potato). Así, si tenemos, por ejemplo, “Sara, mujer, estudiante, le gustan las verduras y las mujeres”, que no sería lo mismo que “Sancho, hombre, estudiante, le gustan las verduras y las mujeres”. Las combinaciones, menos mal, son infinitas.

Pero, ¿qué pasaría si nos quedáramos sin esas etiquetas? ¿Qué, quiénes, seríamos? ¿Seguiríamos siendo alguien? Nuestro caso no es como el de Delenn cuando viene a visitarla el Inquisidor, a nosotros no nos redime el amor. Eso es utopía, esto es realidad. A nosotros no nos redime nada.

Bueno, siendo optimistas, quizá nuestras acciones. Vaya, qué calvinista suena eso.



PD 1ª. A propósito de Haunted: que vivan Australia y el IRC.

PD 2ª. Y esto me vino por email (gracias Carlos!) cuando el gobierno dijo sí a los matrimonios gays. Más etiquetas en un juego-denuncia social ;-)

Espero no herir sensibilidades, ya que los católicos no son amigos de hacerlo. Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedírselo. El catolicismo no es una enfermedad.
Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.
Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos.Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos. Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.
Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas.

También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por "el qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestructuradas.
Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruin de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo.
Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".
Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bien es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.
Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño.Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitírseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.

Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.